Doble I

Entonces, después de todo lo hablado y demostrado, después de haberse dicho que no una y otra vez, de tantos tira y afloja, ambos seguían como siempre; inevitablemente buscándose entre la multitud, sin mover tan si quiera las pupilas pero sintiendo de alguna manera donde se encontraba el otro. Seguian teniendo roces inocentes a escondidas y hablándose con sonrisas. Seguian enganchados el uno al otro.
Era un amor difícil, eran cobardes que buscaron el camino fácil en vez de arriesgarse. El no pretendía que ella fuera su segunda y ella tampoco es que quisiera eso, o si, pero ninguno podía impedir sentir que se les desgarraba el alma cada vez que se miraban fijamente y tenían que frenar ahí. 
Cada vez que el le tocaba la mano, una chispa le recorría por todo el brazo, cada vez que la miraba, ella sentía que estaba desnuda frente a él, que no podía esconderle nada a esa mirada tan pura y limpia que le regalaban esos ojos todos los días.
Juro que hacia mucho tiempo que no veía unos ojos tan bonitos mirar a alguien con tanto amor.

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