Se quisieron por cada poro de su piel, con toda la fuerza de un huracán, tanto que ni te imaginas lo mucho que solía doler. Las palabras siempre los separaban, la distancia era un arma de doble filo con la que alguno no estaría dispuesto a luchar, pero todavía no hay espacio suficiente para dos en una cama, la libreta que está sobre la mesa tiene demasiados rayones, y con algo estropeado nadie se atreve a jugar.

