El día 25 de abril se celebra en el pueblo la festividad de San Marcos, y su celebración es siempre el domingo próximo cuando sus habitantes acuden al campo a comer. Todos los días de mi vida hasta 2011 he ido a un recinto cerrado, privado, donde toda la familia, normalmente los Jimenez-Godoy-Muñoz pasamos todo el día.
Si me dejasen hacer un deseo, me gustaría volver a los 9 años..
Tocar las margaritas y amapolas que crecen en ese gran prado donde mi madre solía hacernos reír para fotografiarnos después. Comer chocolate y llenarnos hasta las orejas. Jugar al fútbol en el llano que ahora está lleno de verdor y florecillas. Volvería solamente a esa época por poder decir ''haber quien puede subir la cuesta'' a esa rampa de arena amarilla que veíamos tan imposible de subir pero que después bajábamos de culo.
Recuerdo a mi abuelo tumbado en campo debajo de un olivo durmiendo la siesta y que llegáramos sus nietas a echarle hielo por la barriga y despertarlo. Cuanto se enfadaba y cuanto me gustaría poder repetirlo. Además solía hacernos un columpio con una cuerda colgada de la rama de un árbol. Aun teniendo 12 años seguía montándola solo porque le hacia ilusión vernos balancearnos.
Miles de imágenes han quedado grabadas en un trozo de papel; todos los primos subidos en la piedra tan grande que había en el camino, o escalando el árbol que después de tantos años aun sigue ahí, con sus ramas firmes y su tronco recio y duro lleno de hormigas. Como me gustaba ese árbol, lo primero que hacía al llegar era ir a ver si estaba, y lógicamente seguía allí esperándonos un año tras otro, para causar hematomas y raspaduras en nuestras rodillas y brazos.
Teníamos incluso una parte del prado únicamente para hacer pipí y otra parte para hacer ''colonias'', que no era mas que agua y esencia de flores silvestres mezcladas en un vaso de plástico.. y eso que siempre se derramaban en aquel banco de piedra..
Pero no solo era eso lo que hacíamos, no podía faltar el paseo a ''La casa antigua'' que era un casaron donde trabajaba mi tío abuelo; tenia un porche con columnas y vigas donde reposaban flores, una pequeña charca que recibía agua de una fuente, pero lo que mas lo identificaba era un reloj de sol, tan viejo y lleno de mugre.
Mis tías y mi madre solían ir a recoger siemprevivas antes de irnos, aunque ahora ya no queden y mi padre diga que es por culpa de ellas. Recuerdo que a la vuelta, estaba cansadísima, había tomado el sol, comido, corrido, gritado, había sido muy feliz esas horas donde la tierra me llegaba a dentro de los calcetines y en los pantalones tenia ''novios'' y ''bolillas que pinchan'' pegados en ellos..
Sin duda esos fueron y serán los mejores años de mi vida, no solo por que algunos de mis mas seres queridos estaban, si no porque era infinitamente muchísimo mas feliz que ahora.
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