5.

Cada vez que lo veía me debatía entre la vida y la muerte, sujetando con fuerzas una espada imaginaria contra su voz, intentando mantenerme firme, pero a la vez tan temblorosa. Siempre se me quedaba algo en el tintero, el tenia esa fuerza sobre mí capaz de hacer que me quedara sin habla ante tanto descaro y al mismo tiempo tanta hermosura. Pero aquella vez estaba escupiéndolo todo. Mis palabras hubiesen sido entendidas hasta por un extranjero que desconociese por completo el idioma en el que yo estaba pronunciando mi discurso. Le sentencie un ''no me hables en lo que te queda de vida'', pese a mi pesar, pensando incluso que eso podía empeorar el malestar que me causaba tenerlo lejos, no poder besarle, hablarle e incluso mirarle. Pero todo ello era necesario para poner los puntos sobre las íes y no darle pie a que contraatacase y cogerme por sorpresa como solía hacer siempre. Sin embargo yo volvía, volvía a subirme a la cresta de la ola cuando el mar tenia mucha resaca, arriesgando mi vida enfrentándome a él. Y por eso, volvía a perseguir a oscuras su figura maldita cuando aparecía en aquellas noches para descargar en mi el fuerte veneno que contenía. Súbitamente, perdía el sentido, su veneno me seguía matando.

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